Cuando nos encontramos ante un problema, nuestra mente tiende a darle muchas vueltas. Se centra en el problema. Lo observa, lo analiza, intenta descubrir las causas, intenta encontrar soluciones, sin embargo, parece que cuanto más lo pensamos menos conseguimos salir de él.

La sensación misma de que tenemos un problema nos está dando información que nos puede ayudar a solucionarlo.

Al considerarlo un problema entran en juego las emociones: sin emoción no hay problema. Si me afecta es porque hay emociones involucradas.

Si trabajamos las emociones podremos avanzar muchísimo en nuestro conocimiento sobre nosotros mismos. Y eso nos servirá, entre otras muchas cosas, para identificar las causas y encontrar las soluciones a los problemas.

Nuestras emociones nos dan mucha información acerca de nuestras creencias, nuestras limitaciones, bloqueos y nuestra manera de funcionar en la vida.

Desde que somos muy pequeños, incluso desde antes de nacer manejamos información sobre el mundo y acumulamos experiencias. Todo lo que nos pasa tiene una implicación emocional y va configurando nuestra idea del mundo. Cuanto más emocional sea el momento vivido, más importante será eso para nosotros en el futuro. Más lo tendremos en cuenta, más dirigirá nuestro devenir.

Hay momentos en la vida en que un mal rato puede dejarnos una huella dolorosa. Ese dolor no queremos vivirlo, no sabemos gestionarlo, así que lo guardamos. Queda “en el olvido”, y sin embargo, sin nosotros saberlo, sigue determinando nuestra vida y limitando nuestro bienestar emocional muchos años después.

Veamos un ejemplo: Una persona que ha vivido su infancia o adolescencia con una autoridad estricta que le ha causado dolor emocional tiene una herida interior relacionada con la autoridad, y es muy posible que a lo largo de su vida encuentre personas que le recuerden esos momentos que vivió con angustia.

Sin saberlo, al escuchar una reprimenda de su jefe, el niño interior está escuchando los gritos de un padre implacable.

Cuando era pequeño los gritos de su padre eran demasiado para él. Se sentía inseguro, creía que su padre había dejado de quererle, lo vivió como una experiencia terrible, y demasiado grande para él. No supo gestionarla. No encontró la manera, así que la guardó. Se adaptó como pudo a ese padre para sobrevivir, y continuó con su vida. Cuando esa información fue guardada en su subconsciente era una bola muy grande.

Al revivir un estímulo parecido, la figura de autoridad actual (su jefe) al dirigirse a él de una manera autoritaria o dura, está enviando a su subconsciente un estímulo que conecta directamente con la reprimenda que el empleado vivió de niño. Esa persona revive las sensaciones de aquel momento en que se sentía pequeño, indefenso, y solo.

La reacción del empleado ante la reprimenda de su jefe es, como consecuencia, vivida de una forma excesiva. Probablemente esa noche dormirá mal, le sentará mal la cena y tendrá momentos de angustia en los que revivirá una y otra vez las duras palabras de su jefe. Es muy posible que, a su vez, superado por el estrés, grite a sus propios hijos al llegar a casa y el patrón se repetirá en la siguiente generación.

Esta persona está capturada por una emoción. Ante ella, puede (y es lo que solemos hacer) seguir viviendo con esa desagradable sensación de inferioridad y de humillación, puede reaccionar siendo cruel con otras personas a las que intentar hacer sentir tan mal como se siente él, o puede ir a sanar a aquel niño, gestionar la emoción que en ese momento no pudo enfrentar, y transformar su vida.

Cuando lo haga, su jefe dejará de ser un ogro, sus palabras dejarán de hacerle daño y él podrá gestionar su vida y enfrentarse a la autoridad si lo considera necesario. Utilizará su mente a su favor y será capaz de salir airoso y con seguridad en sí mismo de muchas situaciones que antes le bloqueaban y le hacían sufrir. Habrá conseguido actuar siendo él mismo, y habrá dejado de vivir esas experiencias como lo haría un niño asustado.  

Esta persona ha utilizado su emoción como punto de partida para trabajar una información que llevaba guardada mucho tiempo. Y al hacerlo, ha tenido la oportunidad de liberar la emoción y se ha liberado a sí mismo.

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